María Rodríguez Almeida. Sobre algunas incomprensiones mutuas
Ocurre muchas veces que un extraño diálogo de sordos se adueña de lo que parecía una fluida comunicación y enriquecedor intercambio entre instituciones, asociaciones y miembros representativos de la comunidad emigrante. De repente se levantaun muro de incomprensión mutua que contamina el lenguaje y que es fuente de malos entendidos. ¿De dónde viene esta barrera? ¿Por qué lo que creíamos bucólico trato imbuido de amable reciprocidad se ha mudado por ensalmo en un brutal “ustedes” y “nosotros”?
Ocurre que lo que creíamos apaciguados intercambios culturales no lo son tanto (ni apaciguados ni intercambios), ya que siguen alimentándose de una situación de desigualdad institucionalizada. Arriba y abajo, dominante y dominado, excluido e integrado, colonizador y colonizado son categorías que siguen aún vigentes, mantenidas por la dependencia de unos frente a otros, por su condición de mendicantes, de ayudados, de “menores” sociales. La desigualdad vicia y pudre todo intercambio, fijando irremediablemente en actitudes de hostilidad que creíamos desfasadas toda comunicación institucional. Incluso, ¡ay!, reaparece cuales ojos del Guadiana, en las relaciones de persona a persona. Para ti, yo soy un primo al que desplumar, para mí tú eres un pobre pupilo: cobíjate bajo mi ala, perono subas hasta mi campanario.
Esta situación viene empeorada por el estado de carencia y de dependencia degradante en el que se encuentran las poblaciones emigrantes llegadas al país ilegalmente o en situación irregular, con la espada de Damocles de la expulsión colgando con carácter permanente a centímetros de su cabeza.
La podredumbre inoculada por esta inicua situación hace que, en algunos momentos incluso los que la sufren llegan a complacerse en su estado de dependencia y reclaman con justo encono su limosna mensual, el precio de la paz social.
Sólo si no perdemos de vista que el objetivo absoluto e inquebrantable de toda asociación e institución, en todo y en cada uno de sus actos, ha de ser la obtención de la igualdad, de la paridad social absoluta, de la ascensión a la madurez social y a la independencia económica del emigrante, del excluido, del ex o neo colonizado, sólo si efectivamente es ése y no otro el horizonte final, y que todo lo posible se ha puesto en obra para lograrlo, sólo entonces, un día, lograremos comunicarnos de tú a tú y caerán las oscuras barreras legadas por el bárbaro sistema colonial, pesadas cadenas que unos y otros seguiremos arrastrando todavía por unos cuantos siglos más.
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