Manuel Ferrer Muñoz, Otra de burócratas: la guinda
En el Boletín núm. 28, publicado a mediados de año, referí tres historias de terror. Una de ellas tiene coletilla.
Contaba entonces que, en el mes de marzo, había solicitado permiso a la Dirección General de los Registros y del Notariado, para consultar los registros consulares de Nuadibú y de Nuakchot. A fines de abril reclamé respuesta y me recomendaron paciencia. Un semestre después, el 3 de diciembre, como un anticipo de los regalos de Reyes Magos, recibí contestación: “esta Dirección General no tiene competencias respecto a archivos, protocolos y censos que puedan encontrarse en los distintos Consulados, por lo que debe dirigir su petición, concretándola [atención al fino matiz], al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación –Dirección General de Asuntos y Asistencia Consulares-”.
La subdirectora general adjunta, que resolvió una consulta de tal complejidad que requirió nueve meses de meditación, habrá respirado por fin tras un alumbramiento tan laborioso.
Descanse, distinguida subdirectora general adjunta, tómese una temporada de reposo, y persevere en su abnegada tarea de servicio y de inteligente asesoramiento. Gracias desde el fondo de mi alma por ese fogonazo de luz. ¿De veras que se merece el sueldo que le pagamos entre todos?