A vueltas con la verdad en los medios de expresión No está de más, de vez en cuando, concretar las razones de las quejas generalizadas por la incompetencia y la frivolidad con que algunas veces se tratan en la prensa canaria determinados aspectos relacionados con la inmigración: la africana, en particular, que es la que más parece asustar a algunos órganos de opinión de Tenerife. No se trata de crucificar a nadie sino de exhortar a una reflexión más ponderada y, si acaso, de dar un aldabonazo a alguna que otra conciencia un tanto embrutecida. Esto que sigue se publicó en El Día el 15 de noviembre de 2007, con el alarmista encabezado “Dos documentales difundidos en África animan a los menores a venir a Canarias”. Lo lamentable, como se probará a continuación, es que ese titular no coincidía con la verdad de los hechos. El autor de la columna sostenía, con toda contundencia, que “el documental realizado en Canarias para reflexionar sobre la inmigración, así como otro del Gobierno central que han sido difundidos por diversos países africanos que exportan a su población joven han ocasionado un efecto inesperado”. Más adelante agregaba: “el documental realizado en Canarias para reflexionar sobre la inmigración y otro del Gobierno central que han sido difundidos por diversos países africanos que exportan a su población joven ha ocasionado un efecto inesperado, debido a que lejos de frenar las salidas clandestinas de los menores de edad ha animado a los niños a subir en pateras y cayucos, tal y como manifestaron a El Día observadores internacionales en África, alguno de ellos asociados a las embajadas españolas, quienes aseguraron que la Jefatura Superior de Policía de Canarias tenía conocimiento de esta situación”. Se permitía, incluso, señalar el modo en que se había materializado la difusión de esos documentales: “las mismas fuentes señalaron que se venden en África por un precio equivalente a cinco euros y se está proyectando en centros educativos o en la televisión de Guinea Bissáu, Malí, Sierra Leona, Marruecos, Guinea Conakry y Mauritania”. No es el caso de rectificar algo que en su momento se estimó tan desatinado que no se juzgó acreedor de réplica. Y es que la cosa no deja de tener su gracia, al menos si el documental canario a que se refiere el articulista de El Día es Cayuco , como resulta evidente a todas luces. Sin embargo, enfriados los ánimos y atendida la obligación de proclamar siempre la verdad, en mi doble condición de coordinador general del Centro Europeo de Estudios sobre Flujos Migratorios y de coordinador del proyecto que dio origen a aquel documental, quiero precisar lo siguiente: 1) En las fechas en que se escribieron esas líneas, Cayuco no se había distribuido aún en África: ni siquiera había habido un visionado particular, por lo que difícilmente podía desencadenar los efectos que se le atribuyen. 2) Todavía hoy no se han celebrado proyecciones públicas de Cayuco, en espera de disponibilidad de recursos económicos para las pertinentes traducciones de los subtítulos y de los doblajes: tan sólo ha habido presentaciones en pequeños círculos cercanos a la diplomacia y a la cooperación internacional. 3) Desde fines de 2007 empezaron a distribuirse en Canarias y en la Península, de forma gratuita, copias del documental Cayuco, que también se han hecho llegar a las representaciones diplomáticas de España en Mauritania y Senegal. No hay más: por consiguiente, la afirmación del articulista de que esas copias se vendían en esos países africanos no se compagina con la verdad, ni tiene el más remoto fundamento. Al menos en lo que se refiere a Cayuco estaríamos ante un caso de genuina ciencia ficción. A partir de unas bases tan inconsistentes, el articulista manifiesta inquietud por el efecto llamada que pueda comportar el buen trato que dispensamos a los niños en los centros de menores no acompañados. ¿Deberemos avergonzarnos por esa expresión elemental de humanidad? ¿O encerramos a los niños en las mismas condiciones que, según informe de la consultoría Steps recientemente publicado, disfrutan sus mayores? |