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África continúa representando para la mayoría de los españoles un continente
desconocido. Si el discurso académico parece refrenado y entorpecido por la
sensación de desconcierto y por la conciencia de la inutilidad de las palabras,
la aparente decisión con que la clase política promete alentar proyectos de
codesarrollo apenas concita más que reacciones de incredulidad.
Pudo decirse durante el siglo XIX que Turquía era el enfermo de Europa. Con la misma certidumbre debe proclamarse ahora que, en la coyuntura histórica del cambio de milenio, África es el enfermo del planeta Tierra.

Incluso cabría pensar que apenas queda espacio para la esperanza. Ni los sucesivos convenios de Lomé, ni el de Cotonú de 2000, que debían servir para enmarcar la cooperación de Europa con los países africanos, han logrado sacar del marasmo al continente negro. Los Acuerdos de Asociación Económica o los Acuerdos de Partenariado Económico previstos en Cotonú han rendido hasta ahora frutos muy raquíticos.

En lo que concierne a España, un proyecto tan ambicioso como el Plan de Acción para el África Subsahariana 2001-2002 se cerró sin que la situación que se quería modificar experimentara mejoría alguna. Los objetivos y líneas de actuación del Plan África 2006-2008, surgido en medio de la crisis de los cayucos, son contemplados desde el escepticismo: a nadie se oculta la prioridad de unas políticas migratorias que enfatizan la regulación y el control de los flujos migratorios sobre los planes de cooperación al desarrollo.

El hecho de que España no haya ratificado todavía la Convención de las Naciones Unidas para la Protección de los derechos de todos los trabajadores migrantes y los miembros de sus familias (1990) plantea inevitablemente dudas sobre la sensibilidad en una materia tan delicada de los gobiernos que se han sucedido desde entonces: más aún cuando la “Convención no contempla ni reconoce realmente derechos específicos para los inmigrantes, sino que busca garantizar la igualdad de tratamiento y las mismas condiciones laborales para inmigrantes y nacionales” .

Sólo cuando se entienda la inmigración –también la ilegal, asociada intrínsecamente a la ruina económica de África- desde una perspectiva que tome en consideración sus causas globales, podrá avanzarse con la certeza de que el camino que recorren los responsables de las políticas migratorias conduce a un destino sensato.

Se requiere también un conocimiento de las situaciones que se viven en los países de origen, de las razones que explican la voluntad de emprender la aventura migratoria y de los contextos en que se desenvuelve la existencia
de los extranjeros que residen entre nosotros.

En efecto, uno de los desafíos sociales y políticos más importantes a que ha de enfrentarse Canarias, como territorio receptor de inmigrantes, es el desarrollo de fórmulas de integración que no sólo garanticen el respeto a las particularidades, sino que contribuyan también al enriquecimiento mutuo y
afronten la interculturalidad desde una perspectiva que no minimice su
complejidad: en efecto, un correcto acercamiento a la interculturalidad comporta su consideración como un espacio en que actúan complejos procesos de mestizaje y segregación, de globalización y localización, de cambio y retención.

La sociedad civil no puede permanecer pasiva ante la ineficacia, la miopía o la desorientación de algunos dirigentes políticos. Ha de reaccionar con energía cuando pescadores que esperan incrementar sus ganancias en el río que ellos mismos revuelven convierten el “problema” de la inmigración en herramienta para atraer unos puñados de votos en las contiendas electorales.

Tampoco cabe su inhibición ante la inexplicable ineptitud de unas instancias
supranacionales a las que necesariamente se supedita la acción de los gobiernos: sería el caso de la Unión Europea, replegada sobre sí misma y
encogida ante el temor de una invasión de los que acechan extra muros. Sin incurrir en excesos verbales y sin gastar energías en denuncias pseudorrevolucionarias, la sociedad civil ha de implicarse en acciones concretas, que trasladen a los habitantes de los países empobrecidos del sur el apoyo y la solidaridad de sus opulentos vecinos del norte.

Al mismo tiempo, resulta imprescindible fomentar la coordinación de la sociedad civil con las instituciones públicas, para acomodar los proyectos de cooperación internacional a las líneas maestras trazadas por los responsables de los gobiernos: sin que esa sintonía signifique supeditación a intereses que no sean legítimos.

El respeto a los socios africanos, que han de ser implicados para asegurar la viabilidad de los proyectos de codesarrollo, tiene que manifestarse en el empuje con que se procura la formación de los recursos humanos, de modo que se potencie la capacidad de autogestión. En ese marco general, se requiere una nueva contextualización y reforzamiento del papel que desempeña la mujer en los sectores productivos del vecino continente.

Kharito. Canarias Solidaria con África hace suyas las anteriores líneas de pensamiento, y quiere sumar sus esfuerzos al de quienes comparten su convicción de que la sociedad civil ha de despertar del cómodo sueño en que la ha emplazado el Estado del bienestar, al que recientemente Milton Friedman - en una entrevista que no tiene desperdicio- atribuyó el fundamento de las restricciones en las políticas migratorias:

"si no hubiera Estado del bienestar, podría haber inmigración totalmente libre, porque cada uno sería responsable de sí mismo".

A través de esta página web nos proponemos ofrecer un ámbito para la información y el encuentro, un espacio para la promoción del conocimiento de los proyectos de cooperación y de solidaridad impulsados por instituciones y ONGs españolas en África, que recoja también el marco establecido por las instancias internacionales.

Asimismo, el portal quiere dar a conocer Cabo Blanco, un Centro de Información y Atención a los inmigrantes subsaharianos que, desde Nuadibú (Mauritania), se proponen alcanzar el Archipiélago Canario en pequeñas embarcaciones de pesca. Se trata de un proyecto piloto de nuestra Asociación, que deseamos exportar a otros espacios geográficos afectados por situaciones semejantes.

Al terminar estas líneas de bienvenida, quiero extender una invitación a cuantas personas compartan nuestras aspiraciones, para que nos ayuden a trabajar con toda intensidad y empeño: si cupiera, que no cabe, con más ilusión. Unidas muchas voluntades, resulta más andadero el camino.


Manuel Ferrer Muñoz
Presidente
Kharito. Canarias Solidaria con África

 
     
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